Las duchas termostáticas han evolucionado mucho en los últimos años, tanto en prestaciones como en diseño, para hacer de una rutina diaria se convierta en todo un placer para cuerpo y mente. La principal diferencia de estas duchas frente a las tradicionales equipadas con monomandos es la disposición de dos mandos: uno para regular el caudal y el otro para ajustar la temperatura. Por su puesto, se pueden instalar tanto en bañeras como en duchas pero estas últimas suelen ser la opción favorita por muchos, ya que los nuevos diseños en cuartos de baño se decantan por la instalación de mamparas con platos casi a ras del suelo.
Lo bueno del sistema termostático es que regula de forma automática la temperatura a la que sale el agua tanto por la alcachofa o la ducha. Esto evita los desagradables cambios bruscos de temperatura que bien nos puede poner más rígidos que un palo (agua fría) o pegar un bote hasta el techo (caliente). Además, ayudan a reducir el consumo de agua y su mantenimiento es escaso en las que están fabricadas con materiales y metales de calidad.
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