La vida de un sofá es dura, cruel ironía para un elemento imprescindible en nuestro salón comedor y cuya misión es la aportar un suave soporte a nuestros glúteos y espalda. Pero claro, nuestro peso y movimientos hacen mella en su tejido con el paso del tiempo. Esto en gran parte dependerá de la calidad del sofá en cuestión, ya se sabe, cuanto más barato menos va a durar. Y aun siendo buenos, si no los protegemos terminan por deformarse un poco. Yo en su día invertí en un buen sofá, la tela repelía los líquidos (la verdad es que tarde o temprano esto es algo que se pone a prueba y tengo que reconocer que es verdad, la tela no absorbe el líquido y se recoge sin problemas con un papel o trapo sin que quede mancha) y en conjunto era confortable y robusto. Pero han pasado los años y ya no se le ve tan lozano como cuando lo compre. Tampoco se le puede pedir más, pero ¡si lo hubiese protegido con una funda estaría en mejores condiciones!.
Claro, la funda protege el tejido. No es un secreto ni cuesta mucho entender por qué. Merece la pena comprar una funda para el sofá aunque sacrifiquemos su estética un poco. Hace unos semanas publicamos una para sofás en «L» y hoy traemos otra para los de toda la vida con capacidad para dos asientos (120 x 190 centímetros).
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