Los monitores portátiles no son un producto que, de entrada, tengamos en mente comprar. Sin embargo, estos periféricos tienen unas ventajas evidentes como la portabilidad de una pantalla extra para nuestro smartphone, laptop o Raspberry PI y, en definitiva, cualquier dispositivo reproductor (incluidas las consolas de videojuegos). Y es que los paneles de estos monitores son muy delgados y ligeros. Por ejemplo, este modelo AC-825 de Labists tiene un perfil de tan solo 9,7 milímetros, un peso de kilo y medio y una pantalla IPS de 13.3 pulgadas con una resolución de 1920 x 1080p con un ángulo de visionado de 178 grados.
Un aspecto importante y a tener en cuenta si la vamos a usar como pantalla auxiliar en nuestro equipo es asegurarnos que nuestro portátil puede ofrecer la energía necesaria desde uno de sus puertos de conexión USB 3.0 o superior y si puede transportar la señal de vídeo en modo DisplayPort Alt (normalmente, no habrá problema a no ser que el equipo ya tenga bastantes años). Como todo monitor, la calidad de la imagen es muy importante y el Labists AC-825 integra un buen panel LCD IPS capaz de ofrecer una experiencia de visualización muy superior a los TN ya que estos son más baratos.
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