Gracias a un trípode podemos, por ejemplo, conseguir una mayor profundidad de campo y nitidez cuando queremos realizar exposiciones largas como es el caso de las puestas o salidas del sol en determinados paisajes, y es que las buenas fotos en la «hora azul» (momento justo después de la puesta del sol) se tienen que obtener en tan solo unos pocos segundos y es aquí donde el trípode nos juega un papel fundamental.
Las fotos en las que queremos recoger imágenes en movimiento también requieren del uso del trípode, sino las zonas estáticas nos saldrán movidas (como paisajes con ríos o el mar) ya que el «efecto de seda» del agua se obtiene también con periodos de exposición largos.
También en situaciones en las que buscamos la fusión de imágenes son imprescindibles (sacamos varias fotos y después tomamos zonas de una foto y de otra).
Cuando queremos sacar una buena foto en grupo, nos aseguramos un buen resultado con el trípode, sin la necesidad buscar apoyos inestables que nos pueden darnos un susto y acabar con nuestra preciada cámara en el suelo.
Para fotos panorámicas si no tenemos un trípode podemos conseguir unos resultados aceptables, pero con uno la situación cambia considerablemente.
Como ves hay un buen número de razones para hacerte con trípode si no tienes ya.
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